En la segunda mitad del s.XIX se documentan, asociadas a la Semana Santa, con especial énfasis en la custodia del Santísimo durante 40 horas, la asistencia a las funciones religiosas y, por supuesto, a las procesiones.
Desde entonces, han marcado los sonidos y colores de la Semana Santa Calatrava, despertando a los vecinos con las dianas o arrastrando a los más pequeños con sus tambores.
Su jornada abarca casi las 24 horas de los días centrales de la Semana Santa. Bajo armaduras de latón o acero desfila una persona que, con su silencio y sus movimientos, reclama la atención de fieles y no fieles, vecinos y foráneos. Con los tambores marcan el ritmo de las poblaciones, haciendo vibrar hasta los cristales. Ritmo y color se mezclan, además, en las escenografías de la Pasión, especialmente en el Prendimiento, Sentencia o Caída.
Los armaos son, en este sentido, los actores principales de la Semana Santa Calatrava.